SOBRE LOS BODEGONES

En este apartado exponemos algunos bodegones que compuso Luis Carrera entre los años 1.960 y 2.000 y que, como en los demás apartados de esta página, están ordenados por orden cronológico.

Llama la atención que en estos bodegones no se percibe con tanta claridad como en los paisajes la evolución de la obra del artista a lo largo de los años. Podría decirse de algunos de ellos que los utilizaba un poco como ejercicios para recordar o recuperar principios esenciales. No obstante, también podría decirse de otros bodegones que le servían para ensayar nuevas y atrevidas técnicas. En todo caso, será el público el que mejor juzgue la intención o la trayectoria de estas obras.

Algo que conviene destacar, muy característico de Luis Carrera, son los fondos de sus cuadros en general y de estos bodegones en particular. Podemos ver en ellos mezclas de color, luces y sombras que componen calidades especialmente atrayentes y que acentúan los motivos principales.

Sobre estos mismos cuadros, el crítico de arte Antonio Corral Castanedo, con motivo de la citada Exposición que realizó Luis Carrera a finales del año 1.990, escribió: “… ¿De dónde procede el optimismo de estos bodegones? ¿Desde dónde nos llega el pesimismo de sus penumbras? Sus elementos son realidades y, sin embargo, tienen algo de símbolos. Así, esa composición en la que una jarra con su barro envejecido, permanece, resignada en su abandono, uniendo su soledad a la de una navaja que ha herido al aire para que sangre el deslumbramiento de una servilleta blanca; mientras, sobre la hogaza, como de madera policromada, evoluciona el tiempo igual que en un reloj de sol. ¿Qué claridad es la que pone una humedad de lágrimas en el vidriado de la jarra? ¿De dónde manan esos destellos capaces de encender los fondos grisados? Y pensamos que la lámpara, el espíritu encendido creador de ese aura de aparición o de milagro, pudiera estar oculto en el queso-fanal que protege las reverberaciones amarillentas de una tarde de tormenta”.